Arthur Rimbaud

16 02 2008

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He tomado un hermoso trago de veneno. —Sea tres veces bendito el consejo que recibí. —Las entrañas me arden. La violencia de la ponzoña retuerce mis miembros, me vuelve deforme, me derriba. Muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. Es el infierno, el castigo eterno. Mirad cómo se reaviva el fuego. Ardo como es debido. Venga, demonio.
Había entrevisto la conversión al bien y a la felicidad, la salvación. Ojalá pueda describir la visión, el aire del infierno no tolera los himnos. Eran millones de criaturas maravillosas, un suave concierto espiritual, fuerza y paz, nobles ambiciones, qué sé yo.
Nobles ambiciones.
Y sigue aún la vida. Es que la condena es eterna. Un hombre que quiere mutilarse ya está bastante condenado, ¿no? Me creo en el infierno, luego estoy en él. El catecismo se ha ejecutado. Soy esclavo de mi bautismo. (…) —El infierno no puede atacar a los paganos. —Y sigue la vida aún. (…)


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2 respuestas

17 02 2008
Beauséant

sólo eres esclavo de tu destino si no eres lo suficientemente rápido para huir de el..

aún estas a tiempo ..

corre.

20 02 2008
llermo

y si mi destino era correr?
jeje, no tengo escapatoria!

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